Desfile militar / Santa Marta, Magdalena / 2004
Stephen Ferry

 

 

 

 

Hace poco, un colega reportero grafico en Nueva York me preguntó por mi próximo viaje. Al explicarle que iba a volver a Colombia, me dijo: “Vas a seguir cubriendo la “guerra anti-narcótica.” Esta afirmación de que el conflicto interno colombiano es nada más una pelea por el control del narcotráfico, es muy común en los medios y entre el público en general, en los EEUU y Europa. Sin embargo, poca gente sabe que esta Guerra tiene profundas raíces en el siglo XX, como tampoco está totalmente enterada de que Colombia afronta una tragedia humanitaria de aproximadamente tres millones de personas desplazadas, como tampoco conoce las contradicciones económicas, sociales y culturales que siguen generando tanta violencia en un país tan lindo como éste. Desde 1997 he estado cubriendo este conflicto, enfocándome en áreas importantes que no han salido lo suficiente en la prensa internacional como la gravedad de la situación de los derechos humanos, y el aspecto cultural de la violencia en Colombia. He esperado siempre despertar, a través de mi trabajo, en el público estadounidense y europeo, un interés por la situación trágica que está ocurriendo en Colombia. Al contrario de los conflictos armados que he cubierto en otras regiones, el colombiano es una confrontación en la que parece imposible concluir que un lado u otro tiene la razón; sobre todo, por el manejo salvaje de todos los actores armados contra la población civil. Y el enigma de este conflicto armado es menos comprensible aún, cuando se piensa en lo hermosa y culturalmente profunda que es Colombia. Para mejor abordar la naturaleza enigmática de esta guerra, tomo como punto de partida la primera frase de la novela La Voragine, escrita por José Eustasio Rivera en 1924: Antes de conocer pasión por mujer alguna, aposté el Corazón azar, y me lo ganó la violencia. El reto implícito de estas palabras -o sea la meta de documentar los aspectos míticos, sexuales, y psicológicos que empujan el conflicto- requiere el desarrollo de un vocabulario visual que logre penetrar al ámbito irracional de los mitos colectivos. La complejidad de esta guerra -la mas compleja del mundo, diría yo-, no es transmisible por fotografías que den respuestas fáciles, sino por imágenes ambiguas que se basen en lo invisible tanto como en lo visible. Respaldo este trabajo fotográfico con una investigación constante de la historia socio-económica de Colombia, y por decenas de entrevistas a colombianos de todas las regiones y estratos sociales en las cuales siempre pregunto lo mismo: “Por qué, cree usted, que en Colombia pasa esto?” Con este trabajo espero publicar un volumen, un ensayo largo de fotografía documental, que sea digno de la seriedad de este tema y fiel a esa extraña mezcla de lindura y tristeza que es Colombia.

Stephen Ferry