Lo que dejaron / Colombia, Hula / 2000
Francisco Carranza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gesticulaciones / Nairobi, Kenia / 1997
Francisco Carranza

Una imagen que impacta produce un vínculo afectivo que automáticamente genera el deseo de buscar a su autor. ¿Quién está detrás de ese instante irrepetible? ¿Qué poética se esconde en ese lente? ¿Por qué logra lo que otros no lograron con la misma temática? Si dentro de las diversas ramas de la fotografía, hay una que estimula estos interrogantes de manera inmediata es el foto periodismo. Es así como, a lo largo de varios años, el FOTOMUSEO, y yo como su curadora- hemos venido siguiendo la carrera de Francisco Carranza, el fotoperiodista que ha dedicado toda su vida, en medios como El Espectador, a plasmar la realidad colombiana de manera única, con una sensibilidad que quizás se remonta al origen de su vocación de la que hablaremos más adelante. De igual manera, y en este escenario de nuestra guerra y sus miserias -que no por haberse vuelto cotidianas, nos laceran menos o son menos atroces-, otro ejemplo de  plástica y estética en el lente, que impacta por su profesionalismo y sensibilidad en el cubrimiento del conflicto colombiano, es el de Stephen Ferry, foto reportero norteamericano. Viajero impenitente, su amor por Colombia lo ha anclado en Bogotá para suerte de la fotografía en nuestro país.

 

Donde empiezan las historias

Pero volvamos a Carranza. Su vocación está tan ligada a la crónica como su arte mismo. Se inició a temprana edad cuando su padrino de bautismo, el fotógrafo de Monguí, la bella localidad de  Boyacá, le regaló una cámara.  Con ella en las manos, a los seis años de edad, el niño se convirtió en visitante asiduo del estudio de este padrino. Es quizás por eso que el profesional de hoy parece guardar esa primera mirada de las cosas que da la infancia. Es tal vez por eso también que conserva, gracias a la memoria de sus días de niño, la frescura y espontaneidad de sus imágenes, no obstante el dramatismo de muchas de sus obras.

 

Ya en Bogotá con su familia, Carranza, mantiene su obsesión por la cámara, pasión que alimenta paralela a la culminación de sus estudios de primaria y bachillerato. Pasión que es alimentada a su vez por la pequeña mesada que le daban sus padres para sus onces de estudiante y que él convertía con alegría en rollos fotográficos y productos  para revelar el material. Como un pequeño aprendiz de brujo, en el improvisado cuarto oscuro, el joven se encontraba con la magia inigualable que hechiza a todos los fotógrafos cuando ven salir lentamente desde el químico, la hoja de papel en la que se va formando la imagen revelada. 

 

En el 68, a la edad de 16 años, y como trabajador del laboratorio de fotografía de El Espectador, viaja al Vichada y trae consigo el primer reportaje para el periódico; a partir de esa primera experiencia, comienza a “pegársele” a los fotoreporteros de entonces: Alfredo Pontón, Sánchez Puentes, Guillermo Sánchez…a examinar con detenimiento los trabajos de maestros como Nereo López, Leo Matiz y Hernán Diaz. Posteriormente,  aprende del maestro Carlos Caicedo, las técnicas y perspectivas del arte del fotoperiodismo y es a Caicedo a quien Carranza considera fundamental para su formación y su principal mentor.

 

En el conjunto de la obra de Francisco Carranza se observa el ojo avizor del reportero. En él confluyen el humor y el captar del gesto preciso, en el instante que ya no volverá. La anciana que humilde y  solitaria, está  totalmente recogida en su súplica, rodeada únicamente por sillas vacías, es una muestra de la agilidad del ojo de este artista.

 

Durante treinta años, Carranza ha recibido innumerables premios dentro y fuera del país; ha recorrido los caminos de Colombia con su cámara y ha contribuido con su mirada a entregar a nuestra sociedad un documento no por estético menos verídico de lo que hoy somos. 

 

Ferry: Fotoreportero de la Colombia profunda

Stephen Ferry es norteamericano, pero pocos colombianos podrían darse el lujo de decir que conocen a nuestro país, como él ha sabido penetrarlo con la certeza de su lente.

 

Con estudios en Bellas Artes, e Historia Latinoamericana en Brown University (Magna cum laude), Ferry  se desempeña desde 1995 como profesor de periodismo gráfico en Colombia, Ecuador y Bolivia, en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, así como es docente de la Facultad de Fotografía Documental, del Centro Internacional de Fotografía, New York y consultor de formación de fotógrafos en diversos periódicos de Latinoamérica.

 

Sus recorridos profesionales lo transportan cotidianamente de un lado a otro del planeta. Sin embargo, es un enamorado de Colombia y lo es desde el dolor de su guerra y la pasión que le inspira su cultura y su paisaje.

 

Con sus imágenes del  conflicto colombiano, realizadas gracias a una mirada sensible y diferente, Ferry explica que quiere mostrar al mundo la devastación de esta guerra nuestra y hacer un llamado para que se entienda que detrás de este conflicto hay mucho más que una guerra antinarcótica.

 

Ferry entonces parece gritar alto y claro su adolorida sorpresa y su pregunta a través de imágenes que nos muestran los campos devastados por la quema de oleoductos o los rostros de angustia de los familiares de los secuestrados -en una mirada aterradoramente triste de una mujer que escucha en la radio, un programa que envía mensajes a esos seres privados brutalmente de la libertad-.

Ferry explica en estos módulos su trabajo y refiriéndose a Colombia dice: “Para mejor abordar la naturaleza enigmática de esta guerra tomo como punto de partida la primera frase de La Voragine, escrita por Jose Eustasio Rivera en 1924: Antes de conocer pasión por mujer alguna,  aposté  el Corazón azar, y me lo ganó la violencia. El reto implícito de estas palabras -o sea la meta de documentar los aspectos míticos, sexuales, y psicológicos que empujan el conflicto -   requiere el desarrollo de un vocabulario visual que logre penetrar al ámbito irracional de los mitos colectivos. La complejidad de esta guerra -la mas compleja del mundo, diría yo-, no es transmisible por fotografías que dan respuestas fáciles, sino por imagines ambiguas que se basen en lo invisible tanto como en lo visible.”

 

Para el FOTOMUSEO, Museo Nacional de la Fotografía, es un honor contar en FOTOGRÁFICA BOGOTÁ con la obra de Francisco Carranza y Stephen Ferry. El FOTOMUSEO agradece a CEMENTOS TEQUENDAMA, a PETROBRAS y a la EMPRESA DE ENERGÍA ELÉCTRICA DE BOGOTÁ, el apoyo a esta muestra, como también al INSTITUTO DISTRITAL DE TURISMO y al MINISTERIO DE CULTURA.   

 

 

GILMA SUÁREZ

Directora FOTOMUSEO