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En nuestro empeño de inundar a Bogotá de colorido y poesía a través de imágenes fotográficas, permitiendo que el arte salga al encuentro del ciudadano, promoviendo nuestra identidad cultural y el sentido de pertenencia de nuestro patrimonio en una ciudad que hasta hace muy poco era indiferente a sus espacios públicos, El FOTOMUSEO, con el apoyo del Ministerio de Cultura, de EPSON que durante todo el año nos ha acompañado en tan difícil tarea y de la cerveza Club Colombia otra empresa que a través del apoyo a la cultura da calidad de vida a los colombianos, presenta esta vez la obra de cuatro talentosas artistas, María Isabel Rueda, Margarita Mejía, Patricia Bravo y Rosario López. Rosario López, docente de planta de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, Maestra en Artes Plásticas de la Universidad de Los Andes y Maestra en Bellas Artes del Chelsea College of Art and Design de Londres, con exposiciones individuales en la galería Diners, en la Casa Museo Quinta de Bolívar y en la Galería Alianza Colombo Francesa, nos ofrece un trabajo llamado "Trampas de Viento”. "Trampas de viento" es un esfuerzo de Rosario por captar con su lente las alteraciones del paisaje producidas por las fuerzas invisibles del impetuoso viento, siempre caprichoso, siempre ululante, siempre peregrino y la huella pasajera que deja tras su paso en el cielo, en la tierra, en los árboles, en las edificaciones cuando se le atrapa un segundo, antes de que siga su viaje incesante hacia otros destinos. Margarita Mejía es Comunicadora Social De la Universidad Autónoma de Cali, cuenta en su haber con dos premios fotográficos y varias menciones de honor por su trabajo y ha efectuado varias exposiciones individuales y colectivas en todo el territorio nacional. Su trabajo, titulado "cuerpos sensibles", es el resultado de un ejercicio de exploración intuitiva que comenzó escudriñando los secretos del cuerpo femenino en busca de su belleza, su misterio, su erotismo y sus secretos recónditos, hasta llegar a un estado de abstracción íntimo en donde las imágenes van al encuentro de la artista, susurrándole sus deseos y las formas y tonos en que quieren lucir para el resto del mundo. Así sus cuerpos fotográficos van desprendiéndose de sus formas ortodoxas, de su belleza evidente, para desdibujarse y difuminarse en un halo de luz de una belleza más sublime, encontrando una fuerza interior propia que la artista aprovecha para plasmar toda su magia creativa. Patricia Bravo es Maestra en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, ha participado en innumerables exposiciones individuales y colectivas en Colombia, México, Cuba y Alemania y ha recibido varios premios y distinciones honoríficas entre las que se destaca el primer premio en la muestra itinerante de fotografía “rojo sobre rojo" que se llevó a cabo en 1998 en Bogotá y Ciudad de México. Usando su rostro y su cuerpo como objetos de estudio, Patricia inicia un viaje introspectivo en pos de sus sueños, de sus fantasías, de su manera particular de entender el universo como mujer y como artista, para, una vez exorcizados sus fantasmas, decantados su lenguaje expresivo y su peculiar manera de entender la vida, despertar en la tierra, en su tierra florida, y reafirmarse como una mujer eminentemente social, una mujer que lleva en su corazón a millones de seres a quienes cuenta sus historias, sus poemas, sus sueños, una mujer que viaja en el corazón de otros seres que le susurran a su vez sus propias alegrías. María Isabel Rueda es Publicista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y Artista Plástica de la Universidad Nacional. Sus trabajos han recibido toda suerte de elogios y reconocimientos. Se destacan el primer premio obtenido en la exposición Chic Chinois, Arte & Moda, Beijing-Paris y el Primer Premio de la exposición "Ojo con la Ciudad. Imaginación en el Umbral", Alcaldía Mayor de Bogotá. Ha sido becaria, conferencista, tallerista invitada, y un trabajo suyo fue utilizado para ilustrar el libro Mapas Abiertos "Fotografía Latinoamericana, 1991 -2002". "Vampiros en La Sabana” es un viaje de la artista hacia los recovecos lúgubres y tenebrosos del submundo marginal capitalino en donde habitan o pretenden habitar las jóvenes que posan para ella. Copiando los estereotipos PUNK de otras culturas, estas jóvenes reflejan en sus fachas terribles, en su maquillaje tenebroso y en sus posturas de alimañas heridas, su desazón y su disgusto por vivir en un país excluyente, sórdido y sin futuro, en un país en el cual ser joven y ser mujer es una maldición, una afrenta, una carga. Desde sus covachas siniestras que son muchas veces, más un espacio imaginario que un territorio concreto, insultan con sus modales, sus figuras y sus conductas a los esquemas políticos, religiosos y económicos que no pueden cambiar con sus ideas. Es mejor marginarse que vivir una farsa. Es mejor asumir la poderosa y franca negrura de la muerte, que vivir en la eternidad de las tonalidades grisáceas de la mediocridad y la impostura, tal cual suelen hacer casi todos los hombres para medio vivir en este mustio planeta y poder acceder al cielo en el futuro. Ello sin olvidar que como muchachas que son, juegan a subvertir, a ser rebeldes, a ponerle misterio al drama que les tocó en suerte protagonizar. Al fin y al cabo en pocos años la juventud se irá y se metamorfosearán y un día amanecerán convertidas en las palomas luminosas que tanto odiaron y vilipendiaron, en secretarias bilingües o en ejecutivas estrellas de una multinacional y vivirán en casitas limpísimas o en palacios pintados de tonos pastel en los que organizarán baby showers y reuniones para evocar con nostalgia lo vampiras que fueron en ese pasado lisonjero de la mocedad que ya no volverá más nunca a presentarse. Este collage de imágenes en donde se mezclan cosas aparentemente contradictorias como la búsqueda de la belleza interior y la exaltación de la maldad y la fealdad, los sueños de integrarse al mundo y los ingentes deseos de marginarse de él, los viajes introspectivos en busca de una identidad propia y las miradas a los demás en busca de una identidad colectiva, las hermosas cicatrices que deja pintado el viento en el paisaje y las que deja en el alma la mediocridad; es una excelente forma de honrar a Bogotá, tan liviana y tan gravosa, tan negra y tan clara, tan pobre y tan rica, tan bella y tan horrible al mismo tiempo. GILMA SUÁREZ Directora |
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