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Recorrer la ciudad a través de los ojos de los cientos de participantes en la Fotomaratón de Bogotá, es un ejercicio agotador pero sumamente reconfortante. Al principio, uno piensa que va encontrarse con 600 versiones distintas y dispersas de una temática propuesta por los organizadores del concurso. Sin embargo, al pasar y repasar las fotografías va apareciendo un territorio, un paisaje urbano, unas gentes, unas situaciones particulares y una vida que conocemos y compartimos. La Bogotá propuesta por todos ellos y por todas ellas, es la misma Bogotá de uno, con su dureza, su acelere, su rebusque, su contaminación, sus oportunidades, su estrés, sus mezclas, sus credos, sus sorpresas, su empuje, su desgano y hasta su ternura. Al hacer ese descubrimiento, es decir, cuando vemos que ahí está plasmada la Bogotá de todos, es cuando comienza de verdad el problema para los jurados. ¿A quién premiar, si en cada propuesta presentada hay por lo menos un testimonio de la ciudad, muy próximo a lo que quisiéramos haber dicho nosotros mismos? Luego del debate alrededor de un buen café, -muy bogotano también nuestro ejercicio-, optamos por buscar entre los distintos trabajos, aquellos que provistos de una estética, de un sentido fotográfico y de una calidad, registraran esos momentos únicos que brinda la ciudad, para resumirla y distinguirla de otras. Agradezco a FOTOMUSEO y a todos los participantes en la FOTOMARATÓN, este viaje fotográfico por Bogotá, del cual regreso con la reafirmación de que sí existe un espíritu bogotano y un sentido ciudadano de pertenencia. Fernando Cano Busquets |