La información sobre la final del primer campeonato mundial de fútbol, que se jugó en Uruguay en 1930, apenas acaparó algunas pocas líneas en las páginas interiores de los diarios de Europa. 76 años y 16 mundiales después (sin contar este de 2006), cualquier noticia relacionada con alguno de los astros o los grandes equipos del Mundial genera conmoción en todo el mundo. Ni hablar de la final, que paraliza a por lo menos la mitad de los habitantes del planeta. Lo que comenzó como una incierta aventura de Jules Rimet, en tiempos en que un viaje de Europa a América demandaba varios días de navegación, hoy es un negocio multimillonario con el que se consolidó el desarrollo de las telecomunicaciones. El mundial de Suiza, que se jugó en 1954, fue el primero que se televisó. Con el desarrollo de las ciencias del espacio llegaron las transmisiones vía satélite y puede decirse que a partir del Mundial de México de 1970, el fútbol dejó de ser un asunto casi que privado, entre Europa y Suramérica para convertirse en un lenguaje universal. Para bien y para mal. Porque esta masificación que ha hecho posible, entre muchos otros beneficios, el despegue de África que tanto le ha aportado a la calidad del espectáculo, también ha traído consecuencias que resienten el nivel de juego. Jugadores sometidos a gran cantidad de partidos, 'galácticos' que piensan más en sus contratos publicitarios que en entrenar y jugar... ¿Era mejor el fútbol de antes a México 70? Imposible saberlo. En gran parte porque el material de cine y video de que se dispone es más y más escaso y precario a medida que nos remontamos en el tiempo. Buena parte de las historias que quedan de héroes de aquel remoto pasado (Matías Sindelar, Hidegkuti, Obdulio Varela, Didí, el propio Di Stefano), son testimonios escritos cargados más de lírica y nostalgia, que de datos objetivos y verificables. Pero por fortuna quedan las fotografías. De pronto no sirven para decidir si Puskas fue mejor que Ronaldo. Pero sí dan fe de historias paralelas que también forman parte de la esencia de los Mundiales de Fútbol. Los uniformes de los árbitros del Mundial del 30, que pitaban con camisa, corbata, chaleco y chaqueta. Los ademanes fascistas de las selecciones de Italia de 1934 y 1938. La evolución de los balones artesanales en Inglaterra 1966 y cada vez más tecnificados desde México 70. Las camisetas, sin marca visible del fabricante hasta que en 1974 aparecieron "las tres tiras" de Adidas. Las pantalonetas apretadas de los ochenta. Las patillas y melenas de los 70. Las cabezas rapadas de nuestros días. Las fotos de fútbol son como el fútbol mismo. Uno jamás se cansa de verlas una y otra vez. Mucho menos las de los mundiales de fútbol, tema y pasión común de millones de personas. Y que 58 de estas inolvidables imágenes estén a la vista de los habitantes de una ciudad tan futbolera como Bogotá, es un acontecimiento que bien vale la pena festejar.

EDUARDO ARIAS
Editor de Cultura Revista Semana